Digresiones.  Cultura Universitaria. Nº 1

Revista de los Estudiantes de la FHuC

Universidad Nacional del Litoral

Setiembre de 2007

 

 

Muy cercanas: revistas e investigación histórica en Santa Fe y su región.

Por Mariela Coudannes Aguirre[1]

 

                Las revistas académicas o publicaciones periódicas de centros e institutos universitarios y no universitarios, constituyen uno de los principales canales para dar a conocer los últimos avances en investigación en las distintas disciplinas.  Constituyen también la manifestación más evidente del mandato de “publicar o morir”, en el marco de un sistema de evaluación de la producción académica que aplica criterios cuantitativos según estándares internacionales[2] y distribuye recompensas y castigos en consecuencia, principalmente económicos.[3]

                De allí la multiplicación de revistas como fenómeno generalizado, que también se debe al aumento del número de investigadores y actividades de investigación, a la especialización y a los intercambios entre disciplinas.  Una de sus consecuencias es la dispersión de trabajos sobre un tema dado en un gran número de revistas. [4]

                En el campo de la producción historiográfica argentina, la mayoría de las revistas se sigue publicando en soporte impreso pero sus editores otorgan suma importancia a la aparición en bases y catálogos en formato digital como por ejemplo Latindex, el Sistema Regional de Información en Línea para Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal, administrado por la Universidad Nacional Autónoma de México[5].  Otra forma de acceder a información sobre las últimas publicaciones es suscribirse a listas de distribución como la del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani[6], cuya red es de alcance nacional.  El Instituto también ofrece en su página web un archivo con el total de las publicaciones periódicas ingresadas a su biblioteca entre 1992 y 2006.  Una lectura atenta muestra las dificultades que un gran número de publicaciones encuentran para cumplir con la periodicidad y la insuficiencia de los mecanismos de distribución, venta y canje de las editoriales, sobre todo las del interior del país.

                El análisis de estas fuentes nos permite tener al menos parcialmente un panorama de la producción académica en Santa Fe y su región[7], que a los fines de este comentario excede las fronteras provinciales para incluir a la ciudad de Paraná.  Una lista, tentativa, posiblemente incompleta por la limitación de nuestras fuentes, incluye a las siguientes publicaciones:

·                     Santa Fe: Estudios Sociales; Clío & Asociados.  La historia enseñada; Culturas[8].  Las tres con sede en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral.  También puede mencionarse a la revista América[9], del Centro de Estudios Hispanoamericanos.

·                     Rosario: Anuario de la Escuela de Historia de Rosario[10]; Claroscuro[11]; Avances del Centro de Estudios Sociales Regionales (CESOR); Cuadernos del Centro Interdisciplinario de Estudios Sociales Argentinos y Latinoamericanos (CIESAL); Cuadernos de Historia Viva; Colección Académica Pensar; Seminarios Regionales; Serie Informes Cátedra Seminario Regional; Zona Franca[12].  Todas las anteriores tienen su sede en la Universidad Nacional de Rosario.  Es relevante también mencionar a la revista Prohistoria[13].

·                     Paraná: Hablemos de Historia.  Cuestiones teóricas y metodológicas de la Historia[14], de la Universidad Autónoma de Entre Ríos.

·                     Villa Constitución: Historia Regional, del Instituto Superior del Profesorado Nº 3 Eduardo Laferrière.

 

               En cuanto a su trayectoria, las más antiguas son la revista América y el Anuario de la Escuela de Historia de Rosario (con discontinuidades relacionadas con la dictadura militar, su segunda época data de la recuperación democrática).  Estudios Sociales, Prohistoria y Zona Franca se iniciaron a principios de los noventa.  El resto de las publicaciones no tiene más de diez años.

               En cuanto a su contenido y enfoque, el criterio dominante de los comités editoriales es organizar cada número en torno a un tema principal o secciones temáticas que también resultan organizadoras de los artículos que se van a publicar.  Algunas optan por secciones fijas, otras quedan más libradas a las producciones que van surgiendo de la red de investigadores vinculada a la revista, o al resultado de una convocatoria pública.  La mayoría expresa las características actuales de la investigación histórica en tanto investigación social: fragmentación y subdivisión disciplinar, yuxtaposición de temas e intercambios entre las ciencias.  En ese diálogo multidisciplinar se destacan las que incluyen trabajos provenientes del campo de la sociología, la ciencia política, la economía, la antropología, la educación, la comunicación y los estudios de género, cuyos aportes resignifican conceptos muy estudiados y proponen nuevos.  Algunos de los conceptos centrales son democracia, estado, nación, mercado, regímenes y partidos políticos, ciudadanía, modelos económicos, territorio, trabajo, orden, conflicto, cultura, pero también: movimientos sociales, derechos humanos, etnicidad, diversidad, fronteras, migraciones, redes sociales, familia, identidades…

                  Otras lo hacen en el marco más acotado de una historia regional, que lejos de la reivindicación localista de las historias tradicionales de pueblos, ciudades y provincias, propone repensar periodizaciones, pluralizar y complejizar el discurso histórico que hasta hace muy poco tiempo sólo giraba en torno a una historia nacional escrita siempre desde Buenos Aires.

                  Las iniciativas vinculadas a instituciones o investigadores universitarios han acusado más rápidamente la renovación disciplinar o bien han surgido al calor de “la crisis de crecimiento disciplinar”.  En tal sentido, la mayor parte de las revistas relevadas constituyen una evidencia de algunos consensos alcanzados tras la desaparición de los grandes relatos que otorgaron sentido a la práctica historiográfica durante la mayor parte del siglo XX.  Si bien no es posible hablar de un paradigma reinante, dicho consenso se expresa en torno a recuperar las voces y las acciones de los sujetos, y discutir los contenidos de una abarcadora y compleja historia social.  También ha adquirido centralidad la discusión sobre la relación historia-memoria, en el marco de una historia del pasado reciente.[15]  Se reconocen otros actores de los que tradicionalmente se ocupó la historiografía, y se reexaminan los escritos clásicos a la luz de nuevos problemas que inspira el presente.  Las fuentes orales y los documentos audiovisuales han adquirido extraordinaria relevancia; su análisis requiere los aportes del resto de las ciencias sociales, sin exclusiones. 

                    La posición ético política del historiador con respecto a lo que lo rodea en el tiempo que le toca vivir puede explicitarse o no, pero es innegable que incide en todas sus decisiones profesionales.  En estas revistas aparecen algunas menciones a la “función y responsabilidad social” del historiador[16], a la necesidad de recuperar y revalorizar las trayectorias de “excelentes docentes investigadores, pero sobre todo ciudadanos comprometidos con la sociedad de su tiempo”[17], y a la importancia de explicar por qué en nuestra sociedad muchos “padecieron lo que padecieron y  padecen lo que padecen”[18].

                  Algo parecido sucede en la enseñanza: el docente se encuentra atravesado por las mismas tensiones que el historiador, ya que ni la práctica científica ni la práctica de enseñanza pueden ser neutrales, aunque sí rigurosas y cuestionadoras en su relación con el conocimiento.  Este es uno de los supuestos que fundamenta la selección de los trabajos publicados sobre la enseñanza de la historia.

                    Por último, no faltan las reflexiones teóricas y metodológicas sobre la disciplina, y el estudio crítico de las principales tendencias historiográficas pasadas y actuales.

 

 



[1] Docente auxiliar en las asignaturas Didáctica de la Historia y Práctica Docente del profesorado en Historia de la Universidad Nacional del Litoral, Argentina.

[2] Véase la web de ScienTI, International Network of Information and Knowledge Sources for Sciences, Technology and Information Management: http://www.scienti.org/php/index.php?lang=en

[3] Un breve análisis sobre esta cuestión puede encontrarse en Lafuente, A. (2005), ¿Quién muere en el lema “publicar o morir”?, en http://weblogs.madrimasd.org/tecnocidanos/archive/2005/11/02/8367.aspx

[4] Romanos de Tiratel, S. y López, N. C. (2004), Las revistas argentinas de historia: visibilidad en bases de datos internacionales, en Información, Cultura y Sociedad, UBA, Nº 11.

[5] http://www.latindex.org/

[6] http://www.filo.uba.ar/contenidos/investigacion/institutos/ravignani/cont/main.htm

[7] Siguiendo a Nidia Areces concebimos a la región como un todo complejo y contradictorio, un espacio de relaciones sociales que definen una trama particular y unas fronteras de carácter dinámico, susceptible de cambios en el tiempo.  Como tal, involucra aspectos materiales, sociales y simbólicos.  Areces, N. (1999), Regiones y fronteras.  Apuntes desde la historia, en Revista Andes, CEPIHA, Universidad Nacional de Salta,  Nº 10.

[8] Una breve referencia a las dos primeras puede encontrarse en http://www.fhuc.unl.edu.ar/home/revistas/revistas.htm

[9] http://www.ceride.gov.ar/cehsf/revista_america.html

[10] http://w3.univ-tlse2.fr/ipealt/cedocal/revues/anuahis/anh.htm

[11] http://www.naya.org.ar/biblioteca/revistas/claroscuro.htm

[12] http://campopsi.com.ar/biblio/zonafranca.htm

[13] http://www.prohistoria.com.ar/

[14] http://www.uader.edu.ar/Facultades/web_varias/FH-historia/revista.htm

[15] Suárez, T. (2003), La agenda historiográfica hoy, en América, Centro de Estudios Hispanoamericanos, Santa Fe, Nº 16.

[16] Amelia Galetti, Hablemos de Historia.

[17] Teresa Suárez, Clío & Asociados.  La historia enseñada.

[18] Hilda Habichayn, Zona Franca.